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La casa de ladrillo en Ealing, de escritorio limpio y archivador de acero
Maureen Bellamy

Maureen Bellamy

Gerente administrativa del almacén, encargada del manifiesto y de la nómina, 46 años

Maureen Bellamy tiene 46 años y desde hace diecinueve se ocupa de los papeles, los horarios y las personas del almacén de Carrow. Nació en Croydon, hija de un corredor de seguros y de una profesora de mecanografía, estudió secretariado por la noche y entró en la empresa como auxiliar de oficina. Hoy es la gerente administrativa, responsable del manifiesto y de la nómina, y quien pasa por la puerta de su despacho sin llamar se arrepiente enseguida.

Vive en una casa de ladrillo en Ealing, con salón de cortinas de cretona, un escritorio siempre limpio y un archivador de acero donde guarda recibos, contratos y cartas, todo en carpetas de colores. Se levanta a las 6:00, se echa laca en el pelo ante el espejo del pasillo y deja el periódico de la víspera doblado sobre el escritorio. Le gusta decir que el orden es la única forma de caridad que practica.

Es de estatura media y porte firme, con el rostro anguloso, el maquillaje cuidadoso y el pelo rojo cardado con laca. Lleva gafas de montura grande sujetas a una cadenita, conjunto de falda y blazer azul marino con hombreras, blusa de lazo blanco y trae la carpeta de papeles siempre apretada contra el brazo. Es eficiente, áspera, controla papeles, horarios y personas, y no le gusta que la cuestionen.

Sobre el almacén, cuenta que la caja fuerte esperaba un millón en pesetas, pero el viernes, a las 19:00, llegaron 6.800 barras de oro rumbo a Hong Kong, para salir el martes, y que solo ella, Nigel y la central lo sabían. Explica que la entrada de los empleados se hace con tarjeta en la barrera del aparcamiento y reloj de fichar en la garita, y que la puerta principal solo abre con llave. Dice que, el lunes, vio a Nigel contar 1.800 libras en billetes de 50, sacados de un sobre gordo.

Maureen sabe que la gerente que conocía el oro antes que nadie es a quien se pregunta qué sabía. Cuando el detective dice que pasó el manifiesto a los ladrones, aprieta la carpeta contra el brazo y manda que mida las palabras: diecinueve años de papeles sin un céntimo fuera de lugar. Orgullo de empleada ejemplar, o aspereza como valla: la carpeta apretada guarda las dos.

Las gafas de montura grande sujetas a la cadenita
Las gafas de montura grande sujetas a la cadenita
El bote de laca que sostiene el pelo rojo cardado
El bote de laca que sostiene el pelo rojo cardado
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 196 de 200.

El caso

Los otros sospechosos