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La habitación alquilada en Hayes, con el radiocasete sobre la cómoda
Dennis Loftus

Dennis Loftus

Vigilante del turno de mañana, 31 años

Dennis Loftus tiene 31 años y desde hace catorce meses es vigilante del turno de mañana, el más joven del equipo. Nació en Slough, hijo de una limpiadora de escuela y de un padre que se fue pronto de casa, pasó por tres empleos de mostrador y un curso de electricista que dejó a la mitad, antes de aceptar el uniforme gris. Dice que le gusta el almacén porque aquí todo es previsible, y porque nadie le pregunta qué hacía antes.

Tiene una habitación en una casa de dos plantas de Hayes, con cama estrecha, una estufa de gas que huele a quemado y un radiocasete sobre la cómoda, donde repite la misma cinta de rock toda la mañana. Hay pósters de fútbol, una bicicleta apoyada en la pared y una fiambrera de hojalata en el alféizar. Come de pie, duerme con la ventana entreabierta y se enorgullece de que, en catorce meses, nunca faltó ni llegó tarde.

Es delgado, de hombros estrechos, con el rostro pálido y pecoso, ojos inquietos y el pelo castaño de flequillo largo y patillas. Lleva el uniforme gris limpio y seco, con la corbata siempre algo torcida, y luce en la muñeca un leve hematoma, donde le ataron las manos. Es simpático, servicial, habla deprisa y bromea para parecer tranquilo, y tiene la costumbre de mirar dos veces a quien entra en la sala.

Sobre la mañana del crimen, cuenta que le pusieron una capucha y le ataron las manos, como a todos, y que oyó al jefe gritar con la cerilla encendida: fue el peor día de su vida. Dice que pasó por el almacén el viernes, a las 23:00, a recoger la fiambrera, y vio la luz del despacho de la gerente encendida y a ella hablando bajito por teléfono, que colgó en cuanto lo vio en la ventana. Sobre el oro, solo sabe lo que se llevaron los ladrones.

Dennis sabe que el vigilante que llegó el último, por primera vez en catorce meses, es de quien se pregunta cómo se abrió la puerta. Cuando el detective dice que les abrió a los ladrones, se frota la muñeca magullada y responde que estaba atado en el suelo como los demás, y que solo habla ante el abogado del sindicato. Susto de muchacho tratado como cómplice, o broma para ganar tiempo: la muñeca frotada sirve a las dos.

El radiocasete donde repite la misma cinta de rock
El radiocasete donde repite la misma cinta de rock
La fiambrera de hojalata que deja en el alféizar
La fiambrera de hojalata que deja en el alféizar
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 196 de 200.

El caso

Los otros sospechosos