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La terraza de la casa de piedra clara, con la mesa puesta del almuerzo del domingo
Ignazio Sperandio

Ignazio Sperandio

Empresario de la construcción de Roma que organizó la fuga del banquero, 51 años

Ignazio Sperandio tiene 51 años y es el tipo de hombre que entra en una sala y la deja más pequeña. Nació en Roma, hijo de un albañil convertido en contratista, y creció entre andamios, hormigoneras y la convicción de que quien construye tiene derecho a ser escuchado. Hizo fortuna en obras públicas en los años 60, abrió oficinas en Milán y Londres y le gusta repetir que nunca firmó nada que no pudiera pagar.

Vive en una casa de piedra clara en Roma, con una terraza sobre los tejados donde almuerza todos los domingos con la familia: pasta casera, vino tinto, tres generaciones a la mesa y él en la cabecera. Viaja mucho, duerme en hoteles de lujo y llama a su esposa antes de acostarse. Sabe el nombre de la secretaria de cada uno de sus socios y siempre tiene a mano una caja de puros, que ofrece sin preguntar si el otro fuma.

Es corpulento, de rostro ancho y bronceado, pelo canoso peinado hacia atrás y bigote espeso, gafas de montura dorada. Viste traje de lino beige arrugado, camisa azul claro abierta en el cuello y un reloj de oro pesado en la muñeca. Habla alto, gesticula, llama amigo a todos, y cuando habla del banquero habla como de un hermano, mirando al interlocutor a los ojos.

Cuenta que organizó la fuga del banquero por amistad, lo único que un banquero arruinado no puede comprar: cuando todos le dieron la espalda, consiguió el pasaporte, el avión y el apartamento. Afirma que no llevó a nadie a ningún sitio y que su amigo miraba el río por la ventana y decía que allá abajo ya nadie le cobraría. Señala al guardaespaldas, a quien el portero vio salir a la 1:10 y volver solo a las 5:00, con los zapatos mojados.

Ignazio sabe que la generosidad, en ciertas ocasiones, tiene un precio que solo se descubre después. Puede ser la lealtad de un amigo que se quedó cuando los demás se fueron. Puede ser alguien que ayudó a esconder al hombre y ahora ayuda a contar su historia. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

El reloj de oro pesado que no se quita de la muñeca
El reloj de oro pesado que no se quita de la muñeca
La caja de puros abierta, ofrecida sin preguntar
La caja de puros abierta, ofrecida sin preguntar
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 186 de 200.

El caso

Los otros sospechosos