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El piso antiguo en Madrid, con el pasillo largo y el aparador de té
Consuelo Ibarguren

Consuelo Ibarguren

Secretaria de la delegación del Club Cibeles, 41 años

Consuelo Ibarguren tiene 41 años y nueve de ellos pasados en la carretera con el Club Cibeles. Nació en Bilbao, hija de un contable de astillero, y aprendió a mecanografiar antes de aprender a bailar. Entró en el club a los 32, para pasar contratos a máquina, y hoy sabe el número de camiseta y de zapato de cada jugador. Dice que nunca perdió un papel de la delegación, y es verdad.

En Madrid comparte un piso antiguo con una tía, cerca de la Gran Vía: tres habitaciones, un pasillo largo, suelo de baldosa hidráulica, un aparador con un juego de té y una ventana al patio interior, donde las vecinas tienden la ropa. Mantiene todo en orden con un rigor que su tía llama agotador. Cada papel tiene su carpeta, cada carpeta su cajón. De viaje, lleva una maleta casi vacía, porque aprendió a viajar con poco.

Es de estatura media, rostro ovalado y serio, ojos castaños con ojeras y pelo oscuro recogido en un moño firme, con una horquilla de carey. Lleva traje de chaqueta gris de lino arrugado, blusa blanca abotonada hasta el cuello, pendientes de perla pequeños y una carpeta de papeles apretada contra el pecho. Eficiente, seca, habla como quien rellena un formulario y no admite el desorden. No sonríe con facilidad, pero quien la conoce dice que su risa, cuando llega, es la más franca del club.

Sobre el delantero centro, dice que el viernes estaba cansado y de mal humor, como siempre antes de un partido. Cenó temprano, se quejó del calor y subió a las 21:00, pidiendo que nadie lo despertara antes de las 9:00. Sobre el conserje de la noche, recuerda que es un exiliado republicano, que habla de Franco como quien escupe, y que a las 5:50 dejó subir a dos desconocidos. Pide que el detective saque sus propias conclusiones. Preguntada dónde pasó la noche del viernes, responde que en el hotel, dónde si no, y pide que cambie el tono.

Puede ser la sequedad de una empleada ejemplar, ofendida por el desorden que el crimen trajo al club. Puede ser la rigidez de quien guarda más de un papel fuera de la carpeta. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

Los pendientes de perla pequeños que nunca se quita
Los pendientes de perla pequeños que nunca se quita
La carpeta de papeles que aprieta contra el pecho
La carpeta de papeles que aprieta contra el pecho
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 172 de 200.

El caso

Los otros sospechosos