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El apartamento en Fráncfort, con las carpetas apiladas por fecha
Petra Weiland

Petra Weiland

Auditora sénior de la firma Hollmann & Rieck, 34 años

Petra Weiland tiene 34 años y es auditora sénior de la firma Hollmann & Rieck, donde trabaja desde que salió de la universidad. Nació en Hannóver, hija de un profesor de matemáticas y de una farmacéutica, estudió contabilidad en Mannheim y aprobó el examen de habilitación profesional al primer intento, hecho que menciona una sola vez y luego nunca más. Lleva tres años en el caso Lumexa y conoce el balance de la empresa mejor que su propio jardín.

Vive en un apartamento pequeño en Fráncfort, cerca de la estación de tren, con una mesa grande donde se apilan carpetas por orden de fecha, una estantería organizada por colores y una cafetera italiana que usa tres veces al día. Viaja por trabajo casi todos los meses y hace la maleta en quince minutos. Los vecinos dicen que nunca la han visto recibir visitas, y ella responde que la agenda no deja espacio.

Tiene el pelo rubio oscuro recogido en un moño firme, el rostro anguloso, pecas leves, gafas de montura negra fina y las ojeras de quien pasó la noche en vela. Viste un blazer gris plomo sobre blusa blanca, una credencial de visitante colgada del cuello y una gruesa carpeta de documentos bajo el brazo, que rara vez suelta. Es rigurosa, seca, habla en cifras y se irrita visiblemente con cualquier imprecisión, incluso la de quien solo quiere ser amable.

Sobre el caso, su versión es la de una técnica exacta: pidió por primera vez la confirmación directamente a los bancos, sin pasar por el fiduciariofiduciario Persona o entidad que administra dinero o bienes de otro en virtud de un acuerdo legal., y recibió la respuesta a las dos de la madrugada. Su firma audita Lumexa desde hace once años, y repite que hasta ayer las cifras cuadraban, y que eso es lo que le quita el sueño. Responde a las preguntas como quien lee un balance de comprobación, sin pausa y sin adjetivos.

Petra sabe que una auditora que se equivocó en el diagnóstico pierde más que el empleo. Cuando el detective le pregunta si firmó el balance sabiendo que era mentira, dice que se negó a firmar y que por eso el edificio se paralizó. Puede ser la indignación de una profesional que cumplió con su deber. Puede ser la de alguien que mide cada frase para no decir demasiado. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

Las gafas de montura negra fina que nunca se quita
Las gafas de montura negra fina que nunca se quita
La gruesa carpeta de documentos que rara vez suelta
La gruesa carpeta de documentos que rara vez suelta
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 138 de 200.

El caso

Los otros sospechosos