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El apartamento en Schwabing, con el balcón de geranios
Mirela Sandu

Mirela Sandu

Asistente ejecutiva de la dirección, 29 años

Mirela Sandu tiene 29 años y es asistente ejecutiva de la dirección de Lumexa, donde trabaja desde hace cuatro años siempre al lado de Leopold Graf. Nació en Cluj, Rumanía, hija de una profesora de alemán y de un electricista, y se fue a Alemania a los 19, sola, con una maleta y la dirección de un piso de estudiantes. Aprendió el idioma con su madre y el oficio en noches de prácticas, y hoy se sabe de memoria la agenda de todos los directores.

Vive en un apartamento pequeño en Schwabing, en Múnich, compartido con una amiga que casi nunca está en casa, en un edificio viejo sin ascensor. Tiene un balcón estrecho con dos macetas de geranios, una tetera esmaltada que heredó de su abuela y una agenda de cuero siempre cerrada sobre la mesa de la cocina. Llama a su madre todos los domingos, habla rumano veinte minutos y luego se queda en silencio mirando el tejado del edificio de enfrente.

Tiene el pelo castaño oscuro ondulado suelto hasta los hombros, el rostro ovalado, la piel clara ligeramente morena y grandes ojos castaños. Viste un vestido azul petróleo de corte sastre con una rebeca beige encima, y siempre duerme poco. Habla rápido y recuerda todos los horarios, cada reunión y cada alergia. Es eficiente, leal y discreta, y quien la ve en el pasillo de la dirección rara vez piensa que es la persona que más sabe de esa empresa.

Sobre el trabajo, su versión es de lealtad y rutina: se ocupa del café, de los vuelos y de las alergias del señor Graf, y él dice que sin ella la empresa se para. Se enteró del problema con la auditoría por la web del periódico, poco después de las cinco, antes de cualquier correo interno, y vino directa al edificio. Llegó a las seis. Ella programa reuniones, repite, no falsifica bancos, y se ofende cuando alguien sugiere lo contrario.

Mirela sabe que la asistente es siempre la primera en ser recordada cuando algo se filtra, porque está en todos los pasillos y en todas las llamadas. Cuando el detective le pregunta si falsificó las cartas de los bancos, responde que el señor ni siquiera sabe lo que ella hace allí. Puede ser la indignación de quien solo cumple órdenes. Puede ser la de alguien que guarda algo suyo que no quiere ver en el informe. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

La rebeca beige que lleva sobre el vestido azul petróleo
La rebeca beige que lleva sobre el vestido azul petróleo
La tetera esmaltada que heredó de su abuela
La tetera esmaltada que heredó de su abuela
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 138 de 200.

El caso

Los otros sospechosos