

Hugo Ferrand
Chófer de la agencia que atiende a Marisol en París, 34 años
Hugo Ferrand tiene 34 años y conduce para quien no puede llegar tarde. Nació en Montreuil, en la periferia este de París, hijo de un mecánico de taller y de una limpiadora de oficinas, y aprendió a conducir antes de aprender a bailar, en los aparcamientos vacíos del domingo. Trabajó como repartidor, luego como taxista y desde hace cuatro años presta servicio a una agencia de coches ejecutivos que atiende a gente de paso por la ciudad. En la semana de la moda, es el hombre de traje negro que espera en la acera.
Vive en un estudio en el décimo piso de un edificio de viviendas sociales en Montreuil, con un balcón minúsculo desde donde se ve la línea del metro. La nevera tiene tres yogures y una salsa preparada, la cama es individual y la única estantería guarda manuales de coches y una colección de llaveros de lugares donde nunca estuvo. Da clases de conducción defensiva los sábados, gratis, a los hijos de los vecinos. Llama a su madre todos los domingos y le dice siempre que todo está bien.
Tiene el pelo negro corto con gomina, la barba rala bien recortada y ojeras hondas de quien duerme a cualquier hora, donde puede. Lleva un traje negro de chófer sin corbata sobre una camisa blanca de cuello abierto, un reloj grande y barato en la muñeca y una llave de coche que gira entre los dedos todo el tiempo, como si contara las vueltas. Es demasiado educado, llama a todos «señor» y responde deprisa, en un tono memorizado, de quien aprendió pronto que al cliente no le gustan las pausas.
Sobre la noche del asalto, su versión es la del profesional: coche a disposición, de día y de noche, durante la semana de la moda, desfile, cena, hotel. Llevó a la asistente y al guardaespaldas a una discoteca cerca de los Campos Elíseos a las 0:30, tras dejar a la señora Deane en la residencia, y le pagan para quedarse en la puerta de la discoteca toda la noche. Dice que conduce, abre la puerta y no oye nada, y que un chófer que oye es un chófer que pierde el empleo.
Hugo sabe que el chófer es quien mejor conoce los horarios de quienes lleva, y que eso apunta hacia él sin necesidad de pruebas. Cuando el detective le pregunta cuánto le pagaron, la respuesta llega demasiado rápida y pulida, y la llave deja de girar. Puede ser la dignidad de quien vive de la discreción. Puede ser alguien que memorizó la respuesta antes de oír la pregunta. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 123 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Théo BrassacPortero de noche de la Residencia Lys, 29 años
Yasmine RouxAsistente personal de Marisol Deane, 31 años
