

Théo Brassac
Portero de noche de la Residencia Lys, 29 años
Théo Brassac tiene 29 años y pasa las noches tras el mostrador de una residencia de lujo, esperando que no llegue nadie. Nació en Rennes, hijo de un panadero y de una enfermera, y llegó a París a los 22 con la idea de ser actor, idea que sobrevivió a cuatro pruebas y a ningún papel. Desde hace tres años hace el turno de noche en la Residencia Lys, donde es el primer rostro que ven los huéspedes y el último que recuerdan. Habla mucho y deprisa, como quien ensaya una escena.
Vive en una buhardilla de criada en el séptimo piso de un edificio antiguo del distrito 11, sin ascensor, con una ventana inclinada que da a las chimeneas y un baño compartido en el pasillo. Tiene un colchón en el suelo, un hervidor eléctrico, una guitarra sin una cuerda y un póster de cine francés de los años 60 que no cambia desde hace siete años. Duerme de día, con tapones en los oídos, y come a las cuatro de la tarde lo que haya. Su madre llama los domingos para preguntar si todavía quiere ser actor.
Tiene el pelo castaño revuelto, la piel clara y un rostro expresivo, que cambia de emoción a cada frase. Lleva la chaqueta gris de portero, abotonada incluso en noches de calor, y una corbata que siempre está ligeramente torcida, por más que se la arregle. Es simpático con todo el mundo, le gusta escuchar hablar a los huéspedes y guarda un termo de café para atravesar las madrugadas, que bebe a sorbos cortos, mirando la puerta de cristal.
Sobre la noche del asalto, su versión es la de quien estaba de turno: a las 2:45 sonó el timbre, eran cinco, con chaquetas de policía y gorra, y uno de ellos mostró una placa a través del cristal. Abrió. Antes de que dijera una palabra, uno de ellos dijo que era el segundo piso, a la izquierda. Después lo esposaron, lo llevaron a abrir una puerta y lo ataron a la barandilla con cinta en la boca. Oyó un grito, solo uno, y después el silencio.
Théo sabe que un portero que abre la puerta de madrugada a cinco desconocidos es el primero a quien se acusa de haber abierto a propósito. Cuando el detective le pregunta cómo dejó entrar a quienes entraron, le tiemblan las manos, la voz se acelera y repite lo que vio tres veces en el mismo orden. Puede ser el pánico de quien fue víctima y aún no logró detenerse. Puede ser alguien que repite la historia para no olvidar lo que eligió contar. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 123 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Hugo FerrandChófer de la agencia que atiende a Marisol en París, 34 años
Yasmine RouxAsistente personal de Marisol Deane, 31 años
