

Jurandir Paiva
Finquero vecino de la curva del km 71, 57 años
Jurandir Paiva tiene 57 años y nació en la misma finca donde vive, vecina de la curva del km 71. Su padre plantaba mandioca y criaba gallinas allí antes de que pasara el tren, y él heredó el pasto, el corral, la cerca torcida y la desconfianza. Estudió hasta tercer grado, sabe hacer cuentas de cabeza y no le gusta firmar ningún papel. Le tiene miedo a la policía desde joven y no explica por qué.
La casa de la finca es de bahareque encalado, con un porche largo de suelo de tierra apisonada, un banco de tablas y una jarra esmaltada siempre caliente en el fogón. Desde allí ve el pasto, el comedero de las gallinas y, más allá, el monte que baja hasta la vía. Es viudo, vive solo y dice que las gallinas le hacen suficiente compañía. Se despierta antes de clarear, suelta los animales y pasa el día con las botas hundidas en el barro, arreglando lo que la lluvia estropea.
Tiene la piel quemada por el sol y arrugada, el pelo canoso ralo, la barba siempre sin afeitar y un sombrero de paja raído que no se quita ni dentro de casa. Lleva una camisa de algodón a cuadros desgastada, con las mangas remangadas, y un pantalón sujeto a la cintura con un trozo de cuerda. Habla poco, mide cada respuesta antes de soltarla y mira el sombrero cuando la pregunta no le gusta.
Sobre la semana del asalto, cuenta que encontró una trocha nueva en el monte, del pasto hasta la curva, que pensó que era trabajo de alguien y se quedó quieto. De la mañana del martes, dice que oyó y sintió la explosión, que el suelo tembló hasta el corral, que después vinieron los tiros y que se echó detrás del comedero con las gallinas hasta que la camioneta desapareció. Del guardavíaguardavía Empleado del ferrocarril que vigila y mantiene un tramo de vía, revisando rieles, traviesas y señales. del tramo habla bien: un hombre servicial, que ayudó a arreglar la cerca y de vez en cuando toma un café en el porche. Con la curva en medio del monte y la banda desaparecida en el polvo, nadie puede confirmar con certeza dónde estaba cada uno aquella mañana.
Jurandir sabe que un campesino que vive pegado a la curva, con vista al monte, se vuelve sospechoso sin hacer nada. Cuando el detective le pregunta si escondió a la banda en la finca, responde que apenas tiene dónde esconder las gallinas y se queja del hombre de la ciudad que llega llamando bandido al campesino. Puede ser el miedo antiguo de un campesino ante la policía. Puede ser alguien que tiene motivos para querer al detective lejos de la finca. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 115 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Odete SaraivaPagadora del Ferrocarril, 44 años
Valdir RochaGuardavía del tramo del km 68 al 74, 41 años
