

Zuleide Arruda
Dueña del almacén frente a la casa amarilla, 63 años
Zuleide Arruda tiene 63 años y regenta desde hace treinta y uno un colmado en la calle de atrás del banco, en el Centro de Fortaleza, frente a una casa amarilla. Nació en Baturité, en la sierra, hija de un agricultor de café y de una rezadora, y bajó a la capital a los 19 para trabajar de dependienta. Se casó, enviudó, crio a cuatro hijos detrás del mostrador y dice que vio construir el banco y jubilarse a tres gerentes.
El colmado es una puerta ancha de persiana enrollable, un mostrador de madera gastado, sacos de frijoles y harina abiertos en el suelo, estantes de lata hasta el techo y un ventilador de pie que gira despacio de un lado a otro. Ella vive en la parte de atrás, en un cuarto con una imagen de santo en la pared y una televisión pequeña siempre en la telenovela. Dice que conoce las deudas fiadas de medio Centro y que nadie compra un kilo de azúcar en esa calle sin que ella sepa para qué.
Tiene la piel parda, el pelo canoso corto y rizado y unos pendientes grandes de aro dorado que se balancean cuando ríe. Viste un vestido floreado de tirantes bajo un delantal de tela azul, chancletas, un rosario enrollado en la muñeca y un lápiz detrás de la oreja. Es parlanchina y curiosa, llama al detective «mi hijo» y responde a una pregunta contando tres historias que nadie pidió.
Sobre la calle, es ella quien da la noticia: en abril, una firma de césped sintético alquiló la casa amarilla, justo enfrente del colmado, y el gerente, un paulista educado, fue simpático con toda la calle. Sobre el fin de semana, su versión es la de una señora de costumbres: durmió en casa, sábado y domingo, con la telenovela y el rosario, y no oyó nada, porque esa calle el fin de semana es un cementerio. Con la calle vacía el fin de semana y la cámara acorazada cerrada por el reloj, nadie puede confirmar con certeza dónde estaba cada uno entre el viernes y el lunes.
Zuleide sabe que la vecina que lo ve todo desde la puerta también es la primera a quien se pregunta qué vio. Cuando el detective sugiere que era la vigía de la banda, la simpatía desaparece de golpe: sesenta y tres años vendiendo frijoles en esa esquina, y ella le manda respetar sus canas. Puede ser el honor ofendido de una comerciante de barrio. Puede ser alguien que habla mucho para no contar lo principal. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 114 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Osvaldo BrandãoGerente de una empresa de césped sintético, 48 años
Hélio QueirozVigilante de la cámara acorazada del banco, 39 años
