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El patio de la compañía de alcantarillado, donde las tapas de hierro hacen de mesa de juego
Marius Agostini

Marius Agostini

Capataz de la compañía de alcantarillado en el sector de la avenida, 38 años

Marius Agostini tiene 38 años y conoce cada metro de las galerías que corren bajo Niza. Nació en el barrio obrero de Riquier, hijo de un estibador y de una lavandera, y a los 23 entró en la compañía de alcantarillado como ayudante de limpieza. Hoy es encargado del sector de la avenida principal, quince años de lodo sin una queja, y habla de los túneles con el cariño de quien cuida un río que nadie ve.

Vive en un piso de dos habitaciones en la calle detrás del mercado, con una cocina de azulejo azul, una mesa donde come sin quitarse el reloj y un balcón donde seca las botas de goma. Su madre, viuda, vive en el piso de abajo y lo llama por el apodo de la infancia. En el patio de la compañía, donde pasa la mayor parte de los días, las tapas de hierro apiladas hacen de mesa de cartas de los compañeros.

Es bajo y musculoso, de rostro ancho y moreno, nariz achatada, pelo negro rizado y corto, y barba de dos días. Viste un mono azul desteñido, manchado de lodo, botas de goma hasta la rodilla y un casco con linterna, y lleva colgado del cinturón el gancho de hierro para abrir tapas. Habla alto, se ofende con facilidad, desconfía de la policía y se enorgullece de que nadie conozca esas galerías como él.

Sobre el trabajo, cuenta que cuida las galerías bajo la avenida de punta a punta, de bóveda de piedra con un metro ochenta de altura, y que el colector baja hasta el Paillon. Dice que las tapas de la avenida abren con cualquier gancho de hierro y que la reja de la salida del colector tiene un candado viejo que pide cambiar desde el invierno. En cuanto al fin de semana, observa que la subdirectora del banco entró el sábado a las 10:00 por la puerta lateral, con una cartera de cuero, y salió cuarenta minutos después.

Marius sabe que quien conoce todo el camino de abajo es el primero a quien se pregunta cómo pasó alguien por él. Cuando el detective dice que guió a la banda, golpea el gancho de hierro contra el cinturón y responde que limpia la suciedad de la ciudad y no es guía de ladrones. Orgullo de trabajador ofendido, o voz alta para tapar lo que sabe del camino: el gancho tintinea igual.

El gancho de hierro para abrir tapas, siempre colgado del cinturón
El gancho de hierro para abrir tapas, siempre colgado del cinturón
El casco con linterna que lleva bajo el brazo
El casco con linterna que lleva bajo el brazo
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 195 de 200.

El caso

Los otros sospechosos