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El taller de restauración y marcos en la Via Alloro, de barniz, caballetes y luz fría
Tindaro Lojacono

Tindaro Lojacono

Restaurador y fabricante de marcos de la Via Alloro, contratado para presupuestar la limpieza del cuadro, 44 años

Tindaro Lojacono tiene 44 años y vive de devolver la luz a lo que el tiempo oscureció. Nació en Cefalù, hijo de un carpintero de barcos y de una mujer que le enseñó a rezar y a dibujar, estudió en la academia de bellas artes de Palermo y a los 24 abrió un taller de restauración y marcos en la Via Alloro. Hoy, media Palermo reza ante altares que pasaron por sus manos, y él lo dice sin modestia y sin exageración.

Vive en una casa de dos plantas sobre su propio taller, de modo que baja en pijama a trabajar. En la planta baja, caballetes, botes de barniz y pigmento en hileras, rollos de pan de oro y una lámpara de luz fría que instaló él mismo para ver el color verdadero de un cielo pintado. En la planta de arriba, solo una cama, un gramófono y dos sillas que nadie necesita. Toma café amargo y come de pie.

Es delgado, de hombros estrechos, con el rostro anguloso y pálido, ojos castaños hundidos y un bigote fino recortado todos los días. Se pone brillantina en el pelo negro y lo peina hacia atrás. Viste delantal de lona sobre camisa blanca de mangas remangadas, tiene las manos finas manchadas de barniz y una lupa de joyero colgada del cuello, que se lleva al ojo sin pedir permiso. Es educado, culto y vanidoso, y habla de pintura como quien habla de una mujer.

Sobre el caso, cuenta que el cura lo llamó para presupuestar la limpieza del cuadro, que el barniz se había amarilleado y escondía la luz del niño, y que cobró barato, por devoción. Dice que avisó al cura de que un cuadro así no debía estar en un oratoriooratorio Capilla pequeña o sala de oración, a menudo a cargo de una cofradía, distinta de la iglesia parroquial. sin alarma. Sobre la sacristana, comenta que lleva la llave colgada al cuello y la cabeza en los radioteatros, y que una obra maestra guardada por una vieja y un cordón es una invitación.

Tindaro sabe que el hombre que midió el marco es el primero a quien se pregunta por él. Cuando el detective lo acusa de haber cortado el lienzo, se lleva la lupa al ojo, como si examinara la acusación, y dice que salva cuadros y no los corta, y que solo habla ante el abogado de la familia. Vanidad herida de artista, u oficio usado como escudo: la lupa acerca todo, menos lo que él piensa.

La lupa de joyero que lleva siempre colgada del cuello
La lupa de joyero que lleva siempre colgada del cuello
El delantal de lona manchado de barniz
El delantal de lona manchado de barniz
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 193 de 200.

El caso

Los otros sospechosos