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La habitación alquilada cerca de la estación, con la ventana a los raíles
Séverine Pothier

Séverine Pothier

Telegrafista de la estación de Dijon, 27 años

Séverine Pothier tiene 27 años y seis de ellos pasados en la ventanilla del telégrafo de la estación de Dijon. Nació en Auxerre, hija de una lavandera y de un ferroviario que murió pronto, y estudió hasta los 14, cuando una monja le enseñó el código Morse como juego. A los 21, la compañía la aceptó en el telégrafo, porque solo acepta mujeres solteras o viudas y paga como quien hace un favor. Sabe de memoria el horario de cada tren.

Vive en una habitación alquilada en una casa cerca de la estación, bajo un tejado de tejas oscuras, con una cama estrecha, un baúl, una mesa de costura y una ventana que se abre a los raíles y a la ciudad. Escucha los trenes de la noche y sabe decir cuál es por el silbato. La casera, viuda de un maquinista, cobra barato y no hace preguntas. En la mesa guarda una tetera de loza y una taza de porcelana.

Es delgada, de rostro fino y pálido, pelo castaño oscuro recogido en un moño alto y ojos atentos. Viste vestido oscuro de cuello alto abotonado hasta la barbilla, manguitos de tela negra hasta los codos y lleva un lápiz detrás de la oreja. Un cordón fino que se pierde dentro del cuello es su única coquetería. Precisa, seca, desconfía de quien habla alto, y nunca falla un minuto.

Desde la ventanilla, tiene vista al andén 1 y a la puerta del almacén de mercancías. Ayer, a las 10:00, el inventor pasó por allí para enviar un telegrama a su mujer en Nueva York, diciendo que llegaría a París por la noche, a Londres el lunes y a Liverpool el día 24. Era un hombre alto y amable, que pagó sin esperar el cambio. Preguntada quién usa el almacén a primera hora de la tarde, responde que nadie, de 14:00 a 15:00, porque la cuadrilla va a descargar el carguero al final del patio. Es la hora más tranquila de la estación. Cuando el detective exige que diga lo que esconde, responde que nada que le incumba, y pide que baje la voz.

Puede ser el recato de una mujer que trabaja entre hombres y aprendió a no ofrecer nada más que lo necesario. Puede ser la reserva de quien prefiere no explicar una ausencia. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

Los manguitos de tela negra que se pone en la ventanilla
Los manguitos de tela negra que se pone en la ventanilla
El manipulador de telégrafo de latón sobre el mostrador
El manipulador de telégrafo de latón sobre el mostrador
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 178 de 200.

El caso

Los otros sospechosos