

Dorian Malek
Videógrafo de viajes, 38 años
Dorian Malek tiene 38 años y hace vídeos de viajes para quienes no pueden viajar. Nació en Praga, hijo de un ingeniero y de una intérprete, y creció hablando checo en casa, inglés en la escuela y alemán con su abuela. Estudió cine durante dos años, lo dejó antes del segundo curso y pasó los quince siguientes por el mundo con una cámara en la mochila, filmando playas, mercados y comida callejera. Tiene una cuenta con más de doscientos mil seguidores, y ninguno de ellos sabe dónde vive de verdad.
Vive donde esté el hotel. En Kuala Lumpur alquila por semanas un apartamento amueblado en un condominio de torres, con piscina en la planta baja, una sala de paredes blancas, una maleta abierta junto al sofá y un trípode apoyado en una esquina. La cocina solo tiene un vaso y un hervidor. Sobre la mesa, un cuaderno de tapa lisa donde anota lugares y horas, y una botella de agua siempre por la mitad. Habla con sus padres por mensaje, cada tres semanas, en checo.
Tiene la piel clara ligeramente bronceada, el rostro anguloso, afeitado, y el pelo castaño corto peinado hacia atrás. Lleva gafas de sol prendidas en el cuello de una camiseta negra lisa de marca, un reloj deportivo caro y una mochila de cámara fotográfica al hombro. Sonríe con una cortesía constante, como un turista paciente, y mira al interlocutor sin parpadear más de lo normal. Habla tres lenguas, pasa de una a otra sin esfuerzo y nunca levanta la voz.
Sobre la mañana de la terminal, su versión es la de un viajero retenido por la tormenta: espera el vuelo de las 9:40 a Yakarta, que el mal tiempo se tragó, y hace vídeos de playas, mercados y comida callejera que, dice, no interesan a la policía. Contó a quien le preguntó que pasó por la salita de cristal del café y vio al guardia pegado a una pantalla, gritando gol. Dice que el vestíbulo no era asunto suyo y que solo quiere embarcar.
Dorian sabe que un extranjero con cámara en un aeropuerto vacío es el tipo de persona que la policía anota, y que sonreír demasiado es tan sospechoso como no sonreír. Cuando el detective le pregunta para quién trabaja, la respuesta es amable, pulida y corta, y la sonrisa no se mueve. Puede ser la tranquilidad de quien nunca hizo nada grave. Puede ser alguien que entrenó el rostro para no decir nada. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 128 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Ratna WijayaMasajista indonesia, 25 años
Azlan HamidSupervisor de la sala de cámaras de la terminal, 41 años
