Confessd
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El vestíbulo de la aseguradora de noche, con el torniquete y el mostrador de recepción
Ebba Nordgren

Ebba Nordgren

Vigilante nocturna del edificio de la aseguradora Nordvakt, en la esquina, 33 años

Ebba Nordgren tiene 33 años y hace del trabajo nocturno un oficio de paciencia. Nació en una ciudad del norte, hija de un conductor de autobús y de una costurera, y aprendió pronto a dormir de día y a despertarse con el sol ya muerto. Antes de ser vigilante de una aseguradora, trabajó en un muelle de transbordadores y en una fábrica de conservas. Le gustan los lugares donde la noche está regulada por reloj y por torniquete.

Vive en un piso de dos habitaciones en un edificio de ladrillo, cerca de la estación, con un sofá de terciopelo marrón, un televisor de pantalla abombada y plantas en la ventana que riega con agua tibia. Sale de casa a las nueve de la noche, con la fiambrera en el bolso y un termo de café negro, y vuelve a las seis de la mañana, cuando el barrio despierta. Tiene la manía de contar los escalones de las escaleras y de comprobar tres veces que la puerta quedó cerrada.

Es alta y de hombros anchos, rostro redondo y pecoso, ojos azul claro y pelo rubio de permanente voluminosa, sujeto con una diadema. Viste uniforme azul marino de vigilante, jersey de lana debajo, y la linterna y el manojo de llaves sujetos al cinturón. Es práctica, desconfiada, responde en frases secas y se pone roja cuando miente, lo que ella sabe y detesta.

Entra a las 22:00, hace la ronda de las 22:30 y deja que el torniquete imprima el resto, solo. La noche del crimen, dice, estuvo tranquila hasta las sirenas; luego llegó la policía y ya no durmió. De quienes pasan por allí, cuenta que son los dibujantes en vísperas de campaña y a veces un gerente que olvida el paraguas, gente callada, porque nadie trabaja en una aseguradora para divertirse. Quien la vio desde la calle recuerda que la recepción quedó encendida y vacía de 23:00 a 23:40.

Ebba sabe que una recepción vacía en la noche equivocada parece negligencia para unos y complicidad para otros. Puede ser el fallo de una vigilante que se alejó por poco tiempo. Puede ser alguien que eligió la hora de ausentarse. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

La linterna sujeta al cinturón, usada en cada ronda
La linterna sujeta al cinturón, usada en cada ronda
El manojo de llaves que comprueba tres veces
El manojo de llaves que comprueba tres veces
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 187 de 200.

El caso

Los otros sospechosos