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El taller del sótano de la casa en Floridsdorf, con el ferrocarril en miniatura
Gernot Pfeiler

Gernot Pfeiler

Técnico de la empresa que mantiene la alarma del museo, 47 años

Gernot Pfeiler tiene 47 años y desde hace once se ocupa del sistema de alarma del museo, entre sensores, cables y un panel al que llama su casa. Nació en Linz, hijo de un ferroviario y de una costurera, hizo un curso técnico de electrónica y a los 24 entró en una empresa de alarmas que creció con él. Le gusta decir que conoce el edificio mejor que la dirección, y la dirección, casi siempre, no lo discute.

Vive en una casa adosada en FloridsdorfFloridsdorf Distrito residencial de Viena, en la orilla norte del Danubio., con un taller en el sótano donde arregla radios antiguas y monta un ferrocarril en miniatura que ocupa dos mesas y ya tiene túnel, estación y un puente de alambre. Todo en el sótano tiene un cajón etiquetado con su letra y un hilo de cobre enrollado por tamaño. Almuerza siempre el mismo bocadillo de jamón y, cuando discute, explica el asunto como si estuviera dando clase.

Es achaparrado, de hombros anchos, rostro redondo y sonrosado, bigote castaño espeso y pelo ralo peinado hacia un lado. Lleva gafas de montura metálica y un mono azul marino de técnico, con manos gruesas de dedos cortos que aun así sueldan un hilo del tamaño de un cabello. Está seguro de sí, es técnico, habla despacio y repite las palabras más importantes. Dice que escribe informes sobre el sistema viejo del museo desde hace cinco años, y que nadie lee los informes de un técnico.

Sobre la noche del crimen, su versión es de una línea: durmió en casa desde las 23:00. Sobre la alarma, es más larga: con el andamio y el polvo de la obra, los sensores de las ventanas saltan por nada, y lo avisó por escrito. La vigilante, para él, duerme en el turno: manda mirar el libro de rondas, las de las 2:00, 3:00 y 4:00 escritas con el mismo bolígrafo y la misma letra apresurada.

Gernot sabe que quien conoce la alarma por dentro es el primero a quien se pregunta cómo alguien pasó por ella. Cuando el detective lo acusa de haber subido por el andamio, se ajusta las gafas de montura metálica, lo niega con la calma de quien instala y no fuerza, y avisa que solo habla ante el abogado de la empresa. Dolor de técnico que avisó durante años, o clase dada para que nadie pregunte: la voz firme sirve a las dos lecturas.

Las gafas de montura metálica que limpia con el borde del mono
Las gafas de montura metálica que limpia con el borde del mono
La locomotora del ferrocarril en miniatura que monta en el sótano
La locomotora del ferrocarril en miniatura que monta en el sótano
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 192 de 200.

El caso

Los otros sospechosos