

Marjolein Teeuwen
Contable de la carpintería, 33 años
Marjolein Teeuwen tiene 33 años y lleva las cuentas de la carpintería desde hace ocho. Nació en Utrecht, hija de un empleado de correos, aprendió aritmética con su madre, que leía el periódico a la luz del pasillo, y empezó de cajera en una tienda antes de pasar a asentar facturas en libros de caja. Sobre el trabajo, dice que se ocupa de facturas, banco, sueldos e impuestos, y que sin ella la carpintería ya habría cerrado.
Vive en un piso pequeño e impecable en el barrio de De Pijp, con un gato gris, una estantería de libros ordenada por colores y una bicicleta apoyada en el pasillo. Se levanta temprano para el café, hace la compra de los sábados con lista y dobla la ropa por tamaño. Le gustan el té de menta, la música coral y las hojas de cálculo con la primera columna alineada a la izquierda, y tiene poca paciencia con quien hace demasiadas preguntas.
Es baja y delgada, con el pelo rojo corto y rizado, pecas y gafas grandes de montura marrón. Viste una blusa de cuello alto beige bajo un blazer de pana marrón y una bufanda de lana verde que no se quita en todo el año. Organizada, seca y a la defensiva, responde con números y desconfía de quien pregunta más de lo necesario, incluso cuando la pregunta es simple.
Sobre la caja de la carpintería, su versión es franca: está mal, desde el verano no entra ningún encargo grande, y el dueño debe dos meses de la cuota del almacén. El banco avisó que se lo queda todo en diciembre, y él ni siquiera se quejó, lo que la asombró. Del exempleado Thijs, dice que es buen carpintero, callado, y que de vez en cuando todavía aparece para devolver una herramienta prestada.
Marjolein sabe que la contable, que tiene la llave del portón y se queda hasta tarde en la oficina, es la primera con acceso a todo lo que ocurre allí. Cuando el detective pregunta si lleva comida a los rehenes de noche, ella responde que lleva una carpeta de recibos y que pierde el tiempo con la contable mientras busca a dos hombres. Puede ser la indignación seca de quien siempre fue invisible. Puede ser alguien que usa la pose para esconder un tropiezo. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 168 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Wessel DekkingaDueño de una carpintería en el puerto oeste de Ámsterdam, 38 años
Thijs GorterMecánico del garaje de la cervecería y antiguo empleado de la carpintería, 29 años
