

Wessel Dekkinga
Dueño de una carpintería en el puerto oeste de Ámsterdam, 38 años
Wessel Dekkinga tiene 38 años y es dueño de una carpintería en el puerto oeste de Ámsterdam. Nació en Zaandam, hijo de un astillero que cerró, aprendió el oficio con un tío carpintero naval y abrió su propio negocio a los 27. Hace barras de bar, estantes y algún que otro casco de barco. Llama honesto a su trabajo y dice que paga mal y tarde.
Vive en un piso estrecho en el barrio del Jordaan, en un tercero de escalera empinada, con vistas a un canal angosto. La cocina es minúscula, la mesa es un tablero de roble hecho por él mismo y las sillas no combinan. Se levanta a las cinco, toma el café negro de pie, cruza la ciudad en bicicleta y se queda en el taller hasta que oscurece. Los domingos pesca en un canal fuera de la ciudad, solo, y vuelve sin peces y sin prisa.
Es alto y de hombros anchos, con el rostro cuadrado, barba rubia sin afeitar y pelo rubio cortado al ras. Los ojos azul claro son desconfiados y se escapan hacia las manos gruesas, llenas de callos, con una tirita en el pulgar. Viste un jersey de lana azul marino gastado en los codos y pantalón de trabajo con serrín. Es callado, práctico, habla poco y responde con la misma frase cuando la pregunta le incomoda.
Sobre la familia Brakel, su versión es la de un proveedor mal pagado: en 1979 hizo la barra de un bar del cervecero y nunca cobró la última cuota. Dice que el rico paga cuando quiere y que el resto de lo que sabe es lo que sabe todo el mundo, cerveza y dinero. Señala al exempleado Thijs como alguien que conocía la rutina del patrón y que fue visto frente a la sede, con capucha.
Wessel sabe que un carpintero de puerto, endeudado y con una vieja rabia contra un rico, es el retrato que cualquier investigación aprecia. Cuando el detective lo acusa de haber secuestrado a los dos hombres, responde que es carpintero y no un bandido de cine, y que solo hablará con el abogado. Puede ser la rebeldía de un pequeño empresario cansado de ser tratado como sospechoso. Puede ser alguien que guarda la vieja rabia muy hondo. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 168 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Thijs GorterMecánico del garaje de la cervecería y antiguo empleado de la carpintería, 29 años
Marjolein TeeuwenContable de la carpintería, 33 años
