

Felix Hartmann
Conservador de las joyas del tesoro, 47 años
Felix Hartmann tiene 47 años y es el conservador de las joyas del tesoro del castillo desde hace once. Nació en Leipzig, hijo de un relojero y de una profesora de piano, y pasó la infancia viendo a su padre abrir mecanismos diminutos con unas pinzas. Estudió historia del arte en Heidelberg, escribió la tesis sobre orfebrería barroca y volvió a Sajonia porque, según él, no existe en el mundo otro lugar con tanto diamante por metro cuadrado.
Vive en un apartamento de techos altos en el centro de Dresde, con suelo de tarima que cruje y estanterías de libros que van del suelo al techo, catálogos de subastas apretados entre volúmenes de arte. Cocina poco, toma café fuerte en una cafetera italiana y escucha a Bach mientras lee. En la mesa de la sala quedan una lupa, un paño de terciopelo y réplicas de yeso de broches antiguos, que usa para estudiar los engastes sin tocar las piezas verdaderas.
Tiene el pelo castaño ondulado con hebras blancas en las sienes y gafas redondas de montura de carey que se le resbalan cuando se entusiasma. Lleva un traje de tweed marrón con un pañuelo de seda en el bolsillo de la chaqueta, doblado en tres puntas, cada día de un color. Habla de las joyas con pasión y le da a cada pieza una biografía, pero esquiva cualquier pregunta sobre su propia vida, como si no le interesara a nadie. Cuando se pone nervioso, habla aún más deprisa.
Sobre la madrugada, su versión es la de un especialista: a las 4:50 la caja de distribución bajo el puente se incendió, apagó la calle y toda la fachada oeste, y las cámaras exteriores quedaron ciegas. Dice que fueron veintiuna piezas de tres conjuntos del siglo XVIII, más de cuatro mil diamantes, y que el seguro del Estado paga dinero, pero no devuelve la pieza. Sobre la vitrina, explica que el cristal aguanta un martillo, pero contra un hacha en la misma esquina dura un minuto, y que quien golpeó sabía dónde golpear. Con la calle a oscuras y las cámaras exteriores ciegas, nadie puede confirmar con certeza quién anduvo cerca de aquella ventana los días antes del robo.
Felix sabe que el conservador conoce la sala del tesoro mejor que nadie y que eso, en una noche de robo, pesa en su contra. Cuando el detective le pregunta si vendió el plano de las vitrinas a los ladrones, la pasión se vuelve ofensa: dice que dedicó la vida a esas joyas y se niega a que lo llamen encubridorencubridor Persona que oculta o compra bienes robados, ayudando a quien los robó.. Puede ser la indignación de un estudioso que perdió el trabajo de una vida. Puede ser alguien que habla de diamantes para no tener que hablar de sí mismo. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 111 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Jonas BrandtDueño de la herrería que reformó las rejas, 36 años
Helga SommerVigilante de la central de monitoreo, 59 años
