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El taller de montaje en la zona industrial, con los paneles desmontados
Rune Vik

Rune Vik

Montador de la exposición olímpica, 41 años

Rune Vik tiene 41 años y monta exposiciones por contrato. Nació en Fredrikstad, hijo de un carpintero de astillero y de una recepcionista de hotel, y dejó la carrera de arquitectura en segundo año para ganar dinero. Pasó por ferias, galerías, el vestíbulo de un teatro y un montaje navideño en un centro comercial. Dice que se aprende más de arte cargando paredes que leyendo catálogos, y que prefiere el peso de un marco al de una opinión.

Trabaja desde un taller de montaje en la zona industrial al este de Oslo, un galpón de techo alto donde guarda paneles, vitrinas desmontadas, pilas de madera y latas de tornillos. El banco de trabajo tiene una lámpara articulada, una cafetera vieja y una radio que queda encendida todo el día. Le gusta decir que el taller es la única casa que la ciudad le dejó. Las camisas de trabajo se secan colgadas de un tendedero entre dos pilares.

Tiene el pelo rubio oscuro corto y despeinado, la barba rala de quien no se afeita desde el lunes y los ojos grises que no se detienen en ningún sitio. Viste una chaqueta acolchada azul con el logo bordado de la empresa, pantalón de trabajo salpicado de pintura gris y lleva un metro plegable en el bolsillo del pecho. Es simpático, bromista, habla rápido y se presenta como un hombre sencillo, que solo entiende de paredes y tornillos.

Sobre la semana, su versión es la de quien se enorgullece de su trabajo: montó la exposición de los Juegos, paneles, vitrinas y la sala nueva del primer piso pintada de gris, y entregó antes del plazo, algo raro en esa ciudad. Según la conservadora, fue idea suya llevar El Puente Rojo a la sala de la ventana, por la luz que realzaba el rojo. No cuenta, sin que se lo pregunten, dónde pasó la noche, y dice que nadie compra un cuadro así, que solo un loco se lo llevaría. Le parece raro que la vigilante pase la madrugada con la puerta de la sala de monitores cerrada.

Rune sabe que quien monta una exposición conoce cada puerta y cada ventana del edificio. Cuando el detective lo acusa de haber robado el cuadro, la sonrisa se esfuma: dice que pasa la semana cargando paredes para esa casa y que así se lo agradecen. Puede ser el resentimiento de un trabajador que se siente tratado como sospechoso por oficio. Puede ser alguien que prefiere hacer bromas a tener que responder a una pregunta más precisa. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

La chaqueta acolchada azul que usa en cada montaje
La chaqueta acolchada azul que usa en cada montaje
El bote de tornillos del banco de montaje
El bote de tornillos del banco de montaje
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 118 de 200.

El caso

Los otros sospechosos