El caso Glico-Morinaga y los dulces envenenados
Osaka y Kobe, Japón, 1984
Este caso es una obra de ficción. Los personajes, nombres, lugares y acontecimientos del juego no retratan a personas reales. El relato de abajo es un resumen factual, con fuentes públicas, del caso que sirvió de inspiración.
En la noche del 18 de marzo de 1984, hombres enmascarados irrumpieron en la casa de Katsuhisa Ezaki, presidente del fabricante de dulces Ezaki Glico, en Nishinomiya, ataron a su mujer y a su hija y se lo llevaron. Pidieron mil millones de yenes y cien kilos de oro. Tres días después, Ezaki logró huir solo del almacén donde lo retenían, en Ibaraki, en la región de Osaka. En abril, coches de la empresa fueron incendiados en el aparcamiento de la sede, y la policía y los periódicos empezaron a recibir cartas firmadas por "El Monstruo de las 21 Caras", nombre tomado de un villano de las novelas policiacas de Edogawa Rampo.
Las cartas se burlaban de la policía y decían que los dulces de Glico habían sido envenenados con cianuro. La empresa retiró sus productos de las tiendas, perdió millones de dólares y despidió a cientos de trabajadores temporales. En junio de 1984 el grupo anunció que "perdonaba" a Glico y pasó a amenazar a otros fabricantes de alimentos, entre ellos Morinaga, Marudai, House Foods y Fujiya. En octubre, una carta dirigida a las madres del país avisó de que había dulces de Morinaga envenenados, y se encontraron en estantes de tiendas envases con cianuro y un aviso de veneno; nadie llegó a comerlos. Una cámara de una tienda grabó a un hombre con gorra de béisbol colocando dulces en un estante.
Fuentes
En el juego

Dulce Aviso
Supermercado Hanabusa, barrio de Namba, Osaka, miércoles de octubre de 1984, 10:30. A las 9:50, una abuela iba a darle a su nieto una caja de Estrellitas, el chocolate de Dulces Tsubaki, y vio en el fondo una etiqueta escrita a máquina: "Peligro: contiene veneno".
En las entregas de rescate acordadas por el grupo, policías de paisano vieron más de una vez a un hombre de gafas oscuras y "ojos de zorro" que siempre escapó. En agosto de 1985, el jefe de la policía de la prefectura de Shiga, criticado por una de esas fugas, se quitó la vida prendiéndose fuego. Días después, el grupo envió su última carta, dijo que dejaría en paz a las empresas y nunca volvió a dar señales. Más de cien mil personas fueron interrogadas, nadie fue detenido y los delitos prescribieron entre 1994 y febrero de 2000.