El asesinato de Olof Palme
Estocolmo, Suecia, 1986
Este caso es una obra de ficción. Los personajes, nombres, lugares y acontecimientos del juego no retratan a personas reales. El relato de abajo es un resumen factual, con fuentes públicas, del caso que sirvió de inspiración.
En la noche del viernes 28 de febrero de 1986, el primer ministro de Suecia, Olof Palme, de 59 años, prescindió de sus escoltas y fue al cine Grand con su esposa, Lisbet. De vuelta a casa, a pie por la avenida Sveavägen, a las 23:21 recibió un disparo por la espalda en la esquina con Tunnelgatan y murió casi en el acto. Un segundo disparo hirió de refilón a Lisbet. El tirador huyó por la escalera de Tunnelgatan y desapareció. El arma nunca se encontró; por las dos balas que unos transeúntes hallaron en la acera, era un revólver .357 Magnum.
La investigación estuvo marcada por fallos desde la primera hora: la escena no se acordonó bien y la alarma para cerrar la ciudad tardó. En 1989, un delincuente de poca monta, Christer Pettersson, reconocido por Lisbet en una rueda de identificación, fue condenado en primera instancia, pero acabó absuelto en la apelación ese mismo año, por falta de pruebas técnicas y del arma. A lo largo de décadas la policía examinó miles de pistas, desde grupos extranjeros hasta policías suecos.
Fuentes
En el juego

Escalones de Hierro
Estocolmo, sábado 1 de marzo de 1986, 10:00. Anoche a las 23:21, el ministro de Vivienda Viggo Lindqvist, de 59 años, volvía a pie del Cine Aurora con su esposa por la avenida principal del centro, sin escoltas.
El 10 de junio de 2020, el fiscal Krister Petersson señaló como autor a Stig Engström, dibujante gráfico de la aseguradora Skandia, cuyo edificio estaba en la esquina del crimen. Salió del trabajo a las 23:19, se presentó como testigo, dio versiones que cambiaban con el tiempo, describió a un tirador parecido a él mismo y tenía experiencia con armas por un club de tiro. Como Engström había muerto en 2000, no pudo ser acusado y la investigación se cerró. Las pruebas eran circunstanciales, y muchos en Suecia siguen dudando.